Últimos tiempos en Calabazar: Máximo Gómez y el nacimiento de la República

La actividad de Máximo Gómez en Calabazar durante el surgimiento de la nueva república

Toda la actividad de Máximo Gómez en Calabazar estuvo dedicada, de una u otra forma, a apoyar con todas sus fuerzas la Convención Nacional, garantía del surgimiento de la nueva república. Durante los veintiocho meses que aquí residió y -en medio de la complejidad del momento que vivía la revolución independentista y su incierto futuro-, continúa pronunciándose por una sola prédica: la unidad. Este propósito aparece reflejado en todos sus escritos elaborados en ese período.

Viviendo en Calabazar asistió al acto que a las siete de la mañana del 20 de mayo de 1902 se realizó en Santiago de las Vegas para celebrar el fausto acontecimiento, donde de forma simbólica a solicitud de numerosos vecinos e instituciones se sembró una Ceiba denominada “El árbol de la Independencia”, en la Plaza de la Iglesia, en el cuartón sur oeste de dicha plaza en el lugar donde hoy se encuentra el Parque Juan Delgado y que contó con su presencia y de los coroneles Martín Marrero, Dionisio Arencibia, José Miguel Hernández, el Comandante Ignacio Castro, oficiales del Ejército Libertador de la localidad, el alcalde municipal, las directivas y asociados del Centro de Instrucción y Recreo y la Sociedad La Gloria y la participación masiva del pueblo santiaguero. Árbol que fue circundado por una artística verja de hierro en forma de estrella de cinco puntas, que paradójicamente tiempo después se secó. La Ceiba fue donada por el santiaguero Florentino Guerra. Horas más tarde Gómez asistiría también a los actos realizados en la capital con motivo de la instauración de la república.

Su conducta recta tras la instauración republicana

Instaurada la nueva república, el jefe de brava estirpe mantiene la recta conducta que lo caracterizó en la manigua. Reiteraba que: “la historia de mi vida militar y política en Cuba es un libro abierto, en donde todo el mundo puede leer”. Desde este municipio rechazó una proposición de pensión igual al sueldo del Presidente de Cuba, por considerarla innecesaria, injusta y excesiva en momentos en que el pueblo aún se recuperaba de las heridas de la guerra. La austera característica del jefe no la permitía. Era un digno discípulo de José Martí.

A partir del 20 de mayo de 1902, toda su energía de experimentado luchador independentista, estuvo dedicada a cuidar, con su amor que resiste todos los desengaños, la dignidad de esa “república”, joven y débil, pero república. Poco tiempo después, el indomable mambí comenzó a encabezar la lucha cívica de las masas populares contra el primer gobierno instituido. Esta actividad exigía su presencia en la capital. Sus ingentes esfuerzos estuvieron dirigidos a su consolidación en forma civil, legalista y ordenada con una ejemplarizante actuación desinteresada y constructiva.

El traslado a La Habana

La idea de mudarse para La Habana dio inicio a mediados de 1902. La casa de Calabazar estaba, -a pesar de la comunicación en ferrocarril-, muy distante de la vida política y social de la capital y no quiere perder contactos con la urbe en esas complejas circunstancias. El traslado a la Habana tuvo que ver también con las nuevas avances, costumbres y características de una gran ciudad: luz eléctrica, el teléfono, el uso del automóvil, la inauguración del primer tramo del tranvía eléctrico, la inauguración del ferrocarril desde la Habana hasta Santiago de Cuba, etc., patrones de la modernidad del nuevo siglo. A estos factores se agrega los estudios universitarios de su hijo Bernardo, próximo a matricular medicina, esto también se lo exigía.

El 31 de octubre de 1902, después de veinte y ocho meses de residir en esta localidad, trasladó su residencia para la calle Galiano No.45 en la Ciudad de la Habana, dejando entre el vecindario una estela de cariño y respeto que se continuó manifestando hasta el último momento de su valiosa existencia.

El traslado de su residencia para la capital es una muestra de su postura vigilante ante el nacimiento y el eclipse de la naciente república. Este accionar del experimentado mambí demuestra, sin ningún riesgo de inexactitud, que el General Gómez, se mantuvo en la política activa y no a la zaga o arrastrado por los acontecimientos, sino en primera fila y dirigiendo. Lo dicho por simple jocosidad por un periódico capitalino de la época: “el General Máximo Gómez siempre está en la manigua”, era cierto, no imaginaban que interpretaba cabalmente su pensamiento de combatiente.

Su legado en Calabazar

Durante los largos y penosos días de la grave enfermedad que lo condujo a la muerte, muchos fueron los vecinos y amigos de Calabazar, que asistían cotidianamente a su residencia del Vedado a interesarse por su salud. En el Autógrafo preparado por la familia para recoger las firmas de los que se interesan por su estado, -y que en la actualidad se encuentra en la Casa Museo “Máximo Gómez”, en la Quinta de los Molinos, - se puede apreciar con nitidez los nombres de Manuel de la Lastra; Justo Carrillo; el Dr. Eduardo Cortés; el Coronel Dionisio Arencibia; Rafael Díaz Hernández, Coronel José Miguel Hernández; Andrés Montero; Eudildo Tamayo y de otros vecinos de este pueblo que seguían de cerca la evolución de su quebrantada salud.

Muchos calabazareños iban diariamente hasta la casa de Gómez, en el Vedado, lugar donde murió el 17 de junio de 1905, rodeado del respeto de toda la nación. Así terminó la vida del bravo guerrero discípulo de Bolívar y de Martí. El hombre que a pesar de sudar dulce toda la vida, tuvo una existencia tan amarga, el mismo que sintió el placer del sacrificio y que recibió en sus últimos años la ingratitud de muchos hombres como lo previó el maestro.

Son numerosos los anécdotas que por tradición oral han llegado hasta nosotros de su presencia en esta población pero esto será objeto de otro trabajo hoy en proceso editorial.

En conclusión, la presencia de Máximo Gómez en esta población corresponde a los años de mayor complejidad para el país donde las diferentes tendencias ideológicas se debatían entre independencia y anexión, etapa que estuvo caracterizada por el accionar del maestro de la contienda de 1895, en evitación de lo que parecía inevitable. Este municipio y en especial su Calabazar, constituyó el tranquilo hogar en medio de contradicciones surgidas en la contienda, el sitio “alejado del bullicio de los hombres para no ser víctima de sus veleidades”, refugio sereno y lugar de reflexión, donde maduró nuevas ideas, sembró y cultivó las semillas que dieron origen a una estratégica encaminada a lograr la total independencia nacional. De aquí la relevancia de su figura en esta localidad.

Su presencia aquí es cuasi desconocida en su biografía; pero no fue un apacible “retiro”, sino un instante necesario de reflexión que contribuyó, no solo a concluir la tumba honrosa a los héroes de San Pedro, sino también a madurar ideas, radicalizar posiciones y trazar, -lo que desde nuestra óptica personal-, puedo definir como estrategias para lograr el ideal martiano. Su ojo vigilante permanece atento a los pasos que se daban con vista a la terminación de la ocupación militar.

En este pueblo continuó residiendo durante algunos años sus familiares más cercanos. Aquí vivieron además su hijo el Dr. Bernardo Gómez y su esposa María Josefa Isaguirre, hija del General Isaguirre, en una vieja casona de la calle Meireles, que años después fue la fábrica de filtros de automóviles. Al respecto Pedro Máximo Vargas Gómez, nieto del Generalísimo ha expresado al autor de esta obra: “En esa casa vivió también mi madre, Margarita, entre los años 1928-1930. Durante ese tiempo el Archivo Personal: “Un cuerpo con alma” y otras pertenencias del Generalísimo estuvieron allí en uno de los cuartos de la amplia casona bajo la custodia de Bernardo y después de Margarita.”

Después de más de un siglo, a pesar de las lamentables transformaciones a que ha sido sometida la casa colonial donde vivió Gómez, aún se siente el temple del libertador, su pluma que no cesa de escribir, el aroma de las cajas de perfumado cedro donde guardaba su archivo y su aguerrido machete tan temido por las fuerzas enemigas de la independencia de Cuba. En este histórico sitio ha quedado su obra, las anécdotas contadas por los lugareños de más edad, su ejemplo y algunas frases, -que han pasado de una a otra generación-, que define toda su vida: “siempre estaré al lado de los cubanos”.

En conclusión, en este capítulo, se ha incursionado en el complejo periodo histórico comprendido entre 1899-1902, espacio temporal cuando se echaron las bases de la nueva república. El tránsito por este corto tiempo posterior a la contienda liberadora, cuando la pequeña localidad atravesaba, al igual que otras poblaciones, las secuelas propias de un evento de tal magnitud para la Isla con sus consecuencias económicas, políticas y sociales representó un estancamiento transitorio en todas las esferas de la sociedad. En medio de ese difícil periodo surgido después de años de guerra y de la Reconcentración, el poblado era una muestra minúscula de esa problemática en que se debatía el país. El momento cimero en esos difíciles y complejos años correspondió a la presencia del Generalísimo Máximo Gómez Báez y su familia y de un grupo de veteranos que decidieron continuar vigilantes junto al viejo Jefe mambí.

En ese periodo es evidente la necesidad de un impulso estimulante para su evolución económico- social y cultural. No obstante, a pesar de las contradicciones y desavenencias iniciales, se abrió un espacio de esperanza con el advenimiento de la naciente república. Esta es en síntesis el panorama que presentó la emblemática población en esos años; comunidad que se distinguió por el rol desempeñado en el municipio, la provincia y el país.

Prof. Eduardo Milian Bernal (Historiador). Obra protegida por derechos de autor.

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